La sobreprotección es un problema que nos atañe en la actualidad. Hace algunos años se dejaba potestad para que los educadores profesionales que entraban en contacto con nuestros hijos tuviesen voz y voto para actuar en los momentos de incidencias que pudieran acometer en cualquier momento. Sin embargo, esto por desgracia ha cambiado. En muchas ocasiones los padres sobreprotectores se justifican diciendo que quieren que sus hijos tengan lo que ellos no tuvieron, tanto material como sentimental, y evitan que se enfaden o que estén tristes de cualquier modo.
Hace no mucho, una de mis alumnas de siete años lloraba en el patio de recreo, quería que viniesen sus padres. Ellos la vieron desde fuera, alarmados, querían llevarse a su hija. Yo les dije: "están en todo su derecho de llevarse a su hija si quieren, pero antes déjenme decirles las posibles consecuencias una vez se la lleven...esto reforzará su comportamiento, es muy probable que mañana vuelva a llorar si están cerca sabiendo que se la llevarán si eso ocurre." A pesar de mi consejo, decidieron llevársela. La razón que me dieron durante la conversación es que ellos no habían tenido relación a penas con sus padres, no los habían tenido ahí cuando les hacía falta, y que eso no le iba a suceder a su hija. La niña aprendió que si lloraba se la llevarían, y en los días posteriores así lo hizo.
Cuando los padres se cansaron de su actitud, vinieron a hablar conmigo, pidiéndome ayuda. No les dije que se lo advertí, no tenía cara de satisfacción, desde mi humildad les dije lo que podían hacer a continuación para "curar" a su hija.
"Los niños no vienen con un libro de instrucciones", me decían. Claro que no, y la educación no es sencilla, requiere esfuerzo y no siempre es el camino más fácil como hemos visto en el ejemplo. Los niños no vienen con un libro, por eso, los miles de profesionales que somos especialistas en la educación de los niños, deberíamos ser escuchados y deberían de prestar atención a nuestros consejos.


